La familia Bèlier

images-6Éste es un trabajo mágico porque desconecta al espectador de la vida cotidiana sin hacerle daño. Para hacerle bien. No sólo no le trasmuta a la parte del mundo donde todo es como debería ser, normal y sencillo; sino que lo enternece limpiamente, sin abusos, agobios ni trucos. Una película para dormir despierto, y hacer ambas cosas, dulcemente.

Su director,- Eric Lartigau-, ha hecho alarde de una maestría cinematográfica cuasi impecable. Tanto, que ni siquiera se notan ciertos pequeños fallos argumentativos y temporales, por lo demás tan insignificantes como perdonables. Como un bocado de solomillo en su punto. Humor sano y sencillo para pasar un rato de lo más agradable. Uno se pregunta si será posible vivir así.

Y, por si fuera poco hay que añadir una sorpresa mayúscula. En la letra de una de las canciones que cantan los chicos se menciona al mismísimo Marqués de Sade ¡!!!, la canción no dice que sigamos sus dictados pero más o menos, lo sugiere. (Esto no es una censura).

Todo lo que digamos de más es sobreabundancia. Los actores no parecen actores. Lo que se ve no parece que alguien lo haya puesto ahí para que lo veamos y el argumento no importa que ya se haya desarrollado en otras películas más o menos parcialmente porque todo esta en su punto. Supongo que ese acierto total se debe al buen hacer del director. Si es así, felicidades. Es usted un mago maravilloso.

Un párrafo más para detestar a todas esas películas en las que se apretujan tramas horribles, persecuciones, coches que se estrellan, guerras y soldados que cumplen con su deber, etcétera, etcétera. Una película como ésta es todo a cuanto el cine debería aspirar.