La rueda de la fortuna (wonder wheel)

 

Un hombre ya maduro, Humpty, alcohólico y roto, y una mujer Kate Winslet (actriz venida a menos), unen sus vidas y fingen amarse para ayudarse recíprocamente a recoger los pedacitos en los que ha quedado reducido el corazón de cada uno de ellos. No es un fingimiento cruel ni malintencionado porque incluso se quieren y hasta casi se respetan; cada uno a su particular manera. Es la vida más bien la que juega con ellos, (como con la de todos, huelga decirlo). Y con ellos, Carolina (Juno Temple), la hija de Humpty, que se escapa de un marido mafioso con el que se casó ilusionada siendo muy joven contraviniendo el consejo de sus padres; ahora ese marido mafioso mala sombra la desprecia, la insulta y la maltrata y ella busca la protección y el cobijo de su padre. Y el hijo de ella, un jovencito aficionado a las cerillas que va provocando pequeños incendios por allí por donde va. Todos juntos sobreviven en precarias condiciones, trabajando, ella, (Kate Winslet) de camarera y él, (Juno Temple) de lo que saca de unos caballitos de atracción de feria.

Pero el destino, que nunca deja de mover sus mareantes dedos, sigue jugando con ellos y hace que la mujer se enamore de un joven socorrista. Así que vuelve a engañar a su marido como anteriormente lo hiciera con el primero y claro, como es sabido, enamorarse no es hacer un master en lógica y filosofía sino más bien perder la cabeza y caer en el pozo de la pasión, los celos y las contradicciones. Pero el marido no se entera porque ha acogido a su hija pródiga con el alma y ahora solo vive para ella. Pero, mira por dónde, también conoce al socorrista y ambos se atraen, se gustan. A todo esto el marido mafioso va tras ella y ya le pisa los talones. Y ambas mujeres están interesadas por el mismo hombre. Qué pasará … ¡ah!

La historia tiene lugar en la Coney Island de la década de 1950. El apuesto socorrista Mickey Rubin (Timberlake), un joven que quiere ser escritor, narra la historia directamente al espectador. La de Humpty (Jim Belushi), dueño de unos caballitos de feria, y la de su esposa Ginny (Kate Winslet), una exactriz con un carácter envolvente, atrevido y voluble que trabaja como camarera. Ginny y Humpty pasan por una crisis que no es sino la propia vida en sí porque además él es alcohólico.

La puesta en escena es agradable, casi como si estuviese interpretándose en el escenario de un teatro de los años veinte. No en vano la fotografía de Storaro y el juego de luces ambientales, tanto de interior como en exteriores no nos deja imaginar otro ambiente para la historia que estamos viendo que el propio del estilo Woody Allen. Como debe ser.

Los que tenemos la costumbre de seguir regularmente el trabajo de autor de los cineastas, algunos años nos gusta más y otros menos. En esta ocasión es de los que más. Y los actores, Kate Winslet, Justin Timberlake, Juno Temple y James Belushi, nos han parecido también muy en su sitio. Pero es necesario decir que Woody Allen es Woody Allen y sabido es que tiene un estilo propio, un estilo que nunca dejará de tener por razones obvias. Es ese estilo (de hablar con titubeos y medias palabras como si estuvieran tartamudos) el que impregna, a veces sin querer, el modo de interpretar de sus actores, lo que hace, a su vez, que el espectador crea que está viendo una película cómica o llena de sarcasmos y bromas. En este caso nada más alejado.

La película muestra a sus personajes encerrados en el callejón sin salida del que esperan tener la ocasión de salir para ser algo más, pero la amargura se enseñorea con ellos y la realidad se impone como un muro de hor

migón ante esos propósitos de forma desoladora. Por eso los personajes se hacen empáticos y la historia entrañable, enriquecedora y cercana.

Por cierto, seguimos “alucinando” con las críticas que se publican en las revistas especializadas y en internete. En este caso porque se quejan de que les parece demasiado densa y que no ofrece un desahogo cómico (sic). Y exclamamos nosotros, ¿está prohibido hacer películas con sustancia?, o tal vez, ¿existe riesgo de ambolia cerebral? Quizá sí, últimamente notamos cierto incremento de idiotizamiento social y político. Será eso.

Dejándose llevar por el desenfreno dramático, esta película nos presenta un abanico de personajes de moral reprobable y estancada posición que se asfixian en sus propias frustraciones. La cinta no nos brinda ningún desahogo cómico de modo tal que sus 100 minutos de duración se hacen bastante densos” (sic) Parece dictado por el soviet de salud mental y buenas costumbres.